martes, 4 de noviembre de 2008

Yosemite y la fiebre del oro

Dejamos atrás el lago Tahoe y empezamos el viaje de vuelta a San Francisco recorriendo la histórica ruta 49 en dirección sur desde Placerville, con la intención de llegar al parque nacional de Yosemite. Es por estas tierras donde se inició la Fiebre del Oro. Todo empezó con una pequeña pepita de oro encontrada en Coloma, a 10 millas de Placerville. La noticia corrió como la pólvora y fueron muchos los que vinieron a probar fortuna, recorriendo, como nosotros ahora, la misma carretera 49. Por eso les llamaron “fourty-niners” y de ahí le viene el nombre al famoso equipo de rugby, los San Francisco 49ers.

La zona está salpicada de pequeños pueblos históricos al más puro estilo western. La mayoría están prácticamente deshabitados (algunos son hoy auténticos pueblos fantasma) que viven del turismo o del vino, pues esta tierra, junto con la región de Sedona, produce las mejores viñas del país. Hay catas de vino anunciadas constantemente, la mayoría gratuitas. Más de uno que conocemos sería feliz por aquí. No hay altas montañas, sino suaves colinas, doradas por la yerba seca y, para variar, largos tramos sin nada más que la carretera. Por el camino te encuentras con antiguas minas, ya “secas”, que ofrecen tours turísticos, todo al estilo de la época. Recorrimos varios condados, algunos con nombres tan elocuentes como “Dorado county” o como “Calavera County” y visitamos varios pueblos “western”: Placerville, Sutter Creek, Calavera y, después de atravesar el lago New Melones (gracioso nombre), acabamos en Sonora, muy cerca ya de Yosemite, donde pasamos la noche. Si nos llegamos a quedar por aquí un par de días más nos hacemos con un par de caballos y unos sombreros de ala ancha y nos vamos a robar bancos, como en las pelis del oeste.

A la mañana siguiente llegamos a Yosemite National Park, uno de los parques nacionales más famosos de EEUU y Patrimonio Mundial de la Humanidad. El parque es enorme, pero la zona más famosa está en el valle de Yosemite, que es un largo cañón rodeado de altas paredes graníticas esculpidas por las sucesivas eras glaciares. El lugar es precioso: Hay ríos, lagos, humedales y cascadas por todas partes y los animales salvajes campan a sus anchas, cruzándose por las carreteras y caminos.

La mejor época aquí es a mediados o finales de primavera, con toda el agua del deshielo fluyendo por doquier. Nosotros llegamos a finales de verano, cuando el nivel de los ríos y lagos está muy bajo. Pero, aún así, el paisaje es muy bonito. Y a la luz de la luna, este valle tiene una atmósfera casi mística que no se puede describir.

Como no teníamos tienda de campaña ni sacos de dormir no pudimos acampar, que es lo más barato y lo que hace la mayoría, así que alquilamos una tienda con estructura de madera, con techo y paredes de lona, bastante cara para lo poco que es. La sensación es la misma que estar en una tienda de campaña, pero más grande.

Por allí hay abunda la vida salvaje y son muy famosos los osos que, acostumbrados ya a ver humanos, se acercan a las tiendas y a los coches buscando comida. Por eso, te prohíben dejar comida o champús o cualquier otra cosa que huela dentro de los coches o en la tienda y lo tienes que meter fuera en unos contenedores especiales anti-osos. Ha habido muchos coches destrozados por osos hambrientos. También te alertan de que es tierra de lobos y que abundan los pumas, y te dicen como debes actuar si te encuentras con uno. Con toda esa información en la cabeza, por la noche nos costó un poco relajarnos y cerrar los ojos, pues todo era ruidos y sombras extrañas que llegaban de fuera. En nuestra imaginación nos pareció oír a 17 osos, 4 lobos y unos 35 pumas, por lo menos, acechando nuestra tienda.

Alquilamos unas bicicletas y recorrimos el valle, deleitándonos la vista con los maravillosos paisajes del parque. Vimos cantidad de ciervos (familias enteras), muchísimas ardillas correteando de un lado a otro (son graciosísimas) y muchas especies de aves. También se nos cruzó un zorro a unos 5 metros de nosotros. Pero lo que más nos sorprendió fue que se nos cruzara un lince a escasos 2 metros, mientras caminábamos sujetando las bicicletas. Apareció, se paró, nos miró un segundo y siguió su camino tan tranquilamente.

Este es uno de los destinos favoritos de los escaladores, por sus muchas y altas paredes de lisa roca granítica. Destaca el Gran Capitán, una de las paredes escalables más famosas del mundo. Como despedida del valle, yo (Darry) comencé a subir por el Capitán con la intención de llegar hasta las vías, pero el acceso a ellas no es sencillo porque hubo un desprendimiento de grandes rocas hace unos años que han quedado en el camino y dificultan mucho la subida. Puede que haya un camino más fácil par llegar, pero yo no lo encontré. Caía la noche y decidí volver con Eli, que me esperaba junto al río.

Dejamos Yosemite (prometiéndonos volver en alguna futura primavera) y seguimos la ruta rumbo sur. Paramos en Fresno para hacer noche y solucionar unos problemas técnicos con el ordenador portátil. Un virus maldito tuvo la culpa. El hotel estaba tan bien que nos quedamos dos o tres días por allí, apenas sin salir del hotel, relajándonos en la piscina y comiendo en uno de los mejores y más baratos buffets chinos que hemos probado nunca. Nos pusimos las botas por 7 dólares todo incluido y había de todo lo imaginable. Aún nos parece saborear el Sesam Chicken. Ummm…

De nuevo en marcha, seguimos bajando por el sur, disfrutando las vistas, en dirección a Sequoia Natonal Park y Kings Canyon National Park, dos parques nacionales cercanos y que están uno al lado del otro. De hecho, el ticket de entrada es para ambos parques. Pero nos paramos justo antes en Three Rivers. Cenamos unas pizzas deliciosas en el pueblo y dormimos en uno de los hoteles más tranquilos y agradables en los que hemos estado, no tanto por la habitación sino por el ambiente de relajación que se respira.

Después del baño de paz, entramos al Sequoia National Park. Conocimos las inmensas secoyas gigantes, los árboles más grandes del mundo. No por su altura, aunque también son altísimos, sino por el volumen y el peso de sus troncos. Estos árboles son imponentes y sobrepasan los 2000 años de antigüedad. Su corteza es de un intenso color rojo y sobreviven a incendios (de hecho los necesitan) y son inmunes a enfermedades, hongos o parásitos que afectan a otras especies de árboles. Tal vez por eso vivan y crezcan tanto como lo hacen. Su tamaño y color les dan un aspecto casi mágico.

Mágico también fue el momento en que, mientras conduciendo distraídos por la belleza de las secoyas gigantes, se nos cruzó un oso en la carretera. Pasó tranquilo, sin prisas, y desapareció al poco, entre los árboles, mientras Eli apenas tuvo tiempo de encontrar la cámara y hacerle unas fotos tan apresuradas como desenfocadas.

Hicimos varias rutas a pie acompañados por las nerviosas ardillas terrestres, más pequeñas y rápidas que las otras, pasando por bosques ancestrales como el Giant Forest. Hay muy bonitos senderos aquí y el ambiente es de cuento de hadas. Mención aparte merecen el General Sherman, el árbol más grande del mundo (por volumen y peso del tronco) y el General Grant, el tercero más grande (el segundo y cuarto también están por esta zona).

Por el camino vimos un incendio en una montaña cercana al que acudían hidroaviones uno detrás de otro. El humo filtraba los rayos del Sol, creando una extraña luz amarillenta, muy curiosa, durante varios kilómetros. De todas formas, el fuego es frecuente en estos bosques y forma parte del ciclo de la vida aquí. Llegamos hasta Stoony Creek para comer algo y repostar combustible. Se nos echó el tiempo encima y salimos del parque por el lado oeste.

Estuvimos conduciendo unas cinco horas para encontrarnos de nuevo con la costa del Pacífico, esta vez en la ciudad de Monterrey, con más frío y niebla de la que nos hubiera gustado. No hicimos mucho aquí: Dormimos, visitamos la costa de Carmel y acabamos de “arreglar” el ordenador, ya que en Fresno, al final, lo dejamos a medias por exceso de relajación.

Ya casi de vuelta en San Francisco y con la noche encima, pasamos por Sillicon Valley, visitada obligada para aquellos a los que nos gusta la tecnología y en especial la informática. Dormimos en Palo Alto y nos costó lo nuestro encontrar alojamiento económico. Al día siguiente, visitamos el Museo de la Computación, donde yo (Darry) disfruté bastante, rememorando algunos conceptos aprendidos en la carrera de informática que también se explican o exhiben allí.

Después hicimos varias visitas a las sedes de algunas de las empresas tecnológicas más famosas del mundo, que no son edificios únicos sino grandes complejos o campus. Visitamos la de Microsoft, Google y Apple, pero vimos muchas otras igual de conocidas. En la sede de Microsoft nos colamos en la tienda para empleados (bastante pequeña, por cierto) y preguntamos luego si había alguna zona abierta al público a lo que nos respondieron amablemente que no. De todas formas, el complejo nos decepcionó un poco. Esperábamos más, la verdad.

En el campus de nuestros amigos de Google nos colamos directamente sin preguntar, esquivando al personal de seguridad que pulula por el complejo, pero no pudimos entrar en los edificios. Parece que en Google no se andan con chiquitas, a juzgar por las limusinas de lujo y el Rolls Royce que vimos en la entrada principal, junto a los guardias con aspecto de agentes de la CIA. Llegamos hasta la cafetería de la que dicen que es la mejor empresa del mundo en cuanto a la calidad de vida de sus empleados. El ambiente era muy agradable, con mucho jardín y mucha bicicleta. Todo el mundo parecía muy contento, así que quizás sea verdad que los cuidan bien. Después de darnos una buena vuelta a nuestro aire, preguntamos en información si había alguna zona abierta a visitas. Aquí también nos dijeron que no muy amablemente (incluso nos ofrecieron un zumo) y que, de hecho, ni siquiera podíamos estar allí… Suerte que ya “habíamos” estado.

Visitamos también “Weird Stuff”, una tienda de segunda mano de “cacharros” informáticos y tecnológicos, la mayoría de ellos pura chatarra tecnológica. Todo aquello que enfermos como yo (Darry) solemos guardar en un cajón por que siempre pensamos que podemos necesitarlo y que, la mayoría de las veces, nunca vuelven a ver la luz del Sol.

Y por fin llegamos de vuelta a San Francisco. Lo primero que hicimos fue volver al hotel de la calle Lombard donde se suponía que teníamos que recoger el permiso de conducir de Eli, que ya tendría que haber llegado por correo desde España. Y así fue, el paquete llegó. Pero el lerdo del encargado del hotel lo devolvió de vuelta para España por que no se enteró de un pimiento cuando le explicamos que pasaríamos a recogerlo en dos o tres semanas. Llamamos a la empresa de paquetería y nos dijeron que debíamos pasarnos en persona por el almacén ya que no lo encontraban. Estuvimos en el almacén esperando unas dos horas mientras buscaban el paquete que al final no apareció. Ni rastro. No entendíamos nada. Dormimos en la ciudad de Berkeley, que estaba allí al lado. Al día siguiente, tras muchas llamadas, dimos con él, pero nos dijeron que ya había salido rumbo a Miami para volver a España. Tras varias llamadas más, conseguimos convencerles de que lo pararan en Miami y que nos lo enviaran a Nueva York (pagándolo, claro), donde pasaríamos a buscarlo en unos días… En fin, el asunto del permiso se convirtió en una odisea que acabó con las esperanzas y el ánimo de Eli por los suelos y sin poder estrenarse como conductora en EEUU.

Devolvimos el coche de alquiler y estuvimos un par de días más en San Francisco esperando por nuestro vuelo a Nueva York, pagando un dineral por cumpla de una convención de Oracle que tenía colapsados los hoteles y albergues de la ciudad, además de incrementar los precios una barbaridad. Al final, acabamos durmiendo en una especie de mini apartamento en el medio del parking de coches de un hotel. Desde la ventana sólo veíamos la guantera, llena de papelotes, de un 4x4 rojo. Unas vistas increíbles…

Finalmente, tras despedirnos por segunda vez del Golden Gate de camino al aeropuerto, cogimos un avión con destino a la capital del mundo, a la gran manzana, a la ciudad que nunca duerme y todo eso… ¡New York!

7 comentarios:

Anónimo dijo...

jajajajajaja
porfin soy el prime que os vaya muuuuuu bien. CUCHICUCHI

Santa Claus dijo...

Bueno, veo que hay gente que pelea por ser el primero de la lista...

Pareja, espero que sigáis en forma... por lo que ya sabéis (y algunos otros), aún me estoy partiendo la caja con lo del dni de Eli... en fin, que de los churros igual pasamos a los arbolitos (no está mal, no está mal...)

Ah, Darri un pequeño detalle que se escapa en tu crónica, por otro lado, muy correcta: conque museo de la computación.... "rememorando conceptos de los estudios de la carrera de informática"... ¡ja!... ¿qué carrera? ¿Esa que has acabado o la que está en las universidades? ¿Son la misma gente? ¿Alguna de ellas tiene un par de asignaturas de menos? ¿Convalidan ahí, en el psilicon valley la estadística II?... nada, nada, con ilusión...

... lo siento, Alfonso, tenía que decirlo sino reventaba... (creo que el respetable acabará cogiéndome manía)

carles dijo...

Ke cabrons quinn viatge us esteu foten.Au disfruteu que aixo no passa cada dia.Salut i milles

Paco dijo...

Suma y sigue!!

Os habéis hecho de rogar un pelín, pero valió la pena (de que me suena esta última frase?), como no, Darri sigue con su lección narrativa y la verdad es que si alguien quiere visitar los sitios por los que pasáis en vuestro blog va a encontrar una información cojonuda y eso es de agradecer...

Ahora una petición: Contarnos como estáis llevando el viaje en cuanto a anectodas, hoteles cutres, coladas, calzoncillos de vuelta y vuelta (las bragas solo de un uso que a Eli le tengo mucho respeto) y curiosidades varias que en estos meses que llevais os habrán pasado...

Ala, a seguir bien, y un beso de parte de Mayca y Paco que os siguen y os envidian!!!

PD. Donde se renueva Eli los DNIs?

La Muntseta dijo...

Guardame un poquito de energia de esa Secoya que igual me hace falta.
mil besos!

María Clara Fuerte dijo...

Me encanta vuestro blog. Seguid volando y hacednos soñar a todos los que os leemos.

José Manuel dijo...

Qué pasa gueis, que ha ganao obama las e-lecciones, que no nos contais el vibrar de la gente, el sueño americano, la liberta y to eso. Ande coño andáis con tanta ruta "forinain" y tantos bonsais "tullíos" que no os habéis enterao de que han cambiao el emperador del mundo y además es negro! Cuando sa visto eso? ande sa visto comer sin pan? como diría torrente... "chinita, eh tu chinita!".
Bueno chicos, ya veis lo mala que es la envidia, "juro por dios que nunca volveré a pasar hambre!".

Un abrazo, y no tengáis prisa en volver que aquí vamos patrás, o sea que podréis reengancharos en el "tiempo" con un par de semana de "decalage" como mucho.

Un abrazo!

Jose